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JOEL MAYOR LORÁN
Doctor José Rubiera, director del Departamento de Pronósticos del Instituto de Meteorología. Cuando el huracán de 1948 lo habían llevado para la casa de un tío, porque la suya estaba muy mala. Recuerda a su madre cargándolo en el portal, él con un suéter amarillo, y el viento soplando. Tenía dos años. Esa es una de las primeras memorias que ha podido retener el Doctor José Rubiera. Quizás así se explique el afán de este hombre nacido en San Antonio de Río Blanco, municipio habanero de Jaruco, de andar a la caza de fenómenos atmosféricos. No solo ama su labor como meteorólogo y asume con responsabilidad su cargo de jefe del Centro Nacional de Pronósticos, del Instituto de Meteorología, sino que se empeña en emitir pronósticos cada vez más certeros que puedan ser de utilidad al pueblo. "Siempre me gustaron los huracanes. Desde niño. Cuando terminé el preuniversitario, no existía curso de Meteorología. Lo más cercano era la Licenciatura en Física. Comencé a estudiarla, y por supuesto me atrae. Pero ya en segundo año vi un artículo en el periódico Granma; el titular decía: ‘Forja de nuevos meteorólogos’. Era sobre un curso próximo a abrirse, y me dije ‘esta puede ser mi oportunidad’.
Doctor José Rubiera, director del Departamento de Pronósticos del Instituto de Meteorología.
"Así llegué por primera vez a la loma de Casablanca. Había unos 350 aspirantes. Luego de una serie de entrevistas de todo tipo, incluso test psicológico y psicométrico, quedamos 82. Cinco años más tarde nos graduamos 20". -¿Dice que le gustan los huracanes?
"Como fenómeno físico. De niño me entusiasmaba saber dónde estaban, escuchaba las noticias, buscaba en un mapa las trayectorias, coleccionaba los boletines… Desde luego, siendo ya mayor y habiendo visto lo que hace un huracán, no me gustan sino desde el punto de vista científico.
"Es una interesante dicotomía que sufrimos los meteorólogos. Juan Carlos Millás, director del Observatorio Nacional desde 1916 hasta principios de los ’60, lo expresó de modo muy bonito en un artículo. Hablaba del meteorólogo en la loma de Casablanca, que por un lado quería un huracán porque era una oportunidad de estudiarlo, desentrañar sus secretos, poder pronosticarlos mejor, y por otra parte no quería que viniera ni se acercara ninguno, pues comprendía que eso significaba desgracia.
"Nosotros sufrimos esa dicotomía: nos gusta un huracán desde el punto de vista científico, pero cruzamos los dedos para que no venga ninguno jamás".
-¿Cómo se las arreglan en casa cuando es inminente que llegará alguno?
"Muy difícil. Mi esposa trabaja aquí también, en el Centro de Pronósticos. Por tanto, en el caso de un huracán ella tiene responsabilidades muy precisas, como preparar las gráficas que mostramos a los televidentes.
"Hasta hace unos años los niños estaban más chiquitos, y ella permanecía hasta el último momento si el huracán venía a La Habana; si no, no había problemas, pero ante la menor afectación tenía que venir para acá, y dejarlos con los suegros, los viejos. Ahora ya son mayorcitos: en la temporada del 2008, fue el niño de 14 años quien puso las trancas a las ventanas y preparó la casa. Nosotros no fuimos; los niños se encargaron de proteger todo lo que hay allí. Siempre es un poco difícil, pero es la profesión que escogimos.
"Justamente el más pequeño acaba de pasar por un círculo de interés de Meteorología, en la secundaria, incluso participó en un concurso y ganó premio".
-También Cuba ha obtenido reconocimiento. ¿Cómo ha logrado convertirse en un referente por el acierto en sus pronósticos?
"En el país existe capacidad, potencialidad desde el punto de vista humano. Los meteorólogos formados en la primera época, más otros que estudiaron en la Unión Soviética y un grupo que ingresó como geógrafos o físicos y con el tiempo se hicieron meteorólogos, o los nuevos muchachos que surgen de la Escuela de Meteorología actual (por cierto, con un grado de conocimientos muy superior a los de la escuela nuestra), ese material humano, yo pienso que es lo más importante.
"La tecnología también desempeña un papel. Pero como no somos un país del Primer Mundo ni lo pretendemos, no podemos tener la mejor tecnología del mundo. Ni aunque quisiéramos comprarla, porque lo impide el bloqueo impuesto por el gobierno de Estados Unidos a Cuba; ya ha sucedido.
"Por lo tanto, no es la tecnología el factor más importante sino el hombre. Sí podemos decir que el hombre usa esa tecnología al ciento por ciento; no se le escapa nada, la exprime… y la inventa: la automatización de los radares la ejecutaron técnicos cubanos, completamente.
"Tenemos una cultura de muchos años en los pronósticos, a la cual integramos a los jóvenes. Se mezcla el conocimiento con la experiencia, y a eso se le une la tecnología de la cual disponemos, aprovechada al máximo. Es una combinación muy sui géneris. Países altamente desarrollados pueden tener mucha tecnología, pero a lo mejor les faltan personas con la experiencia, los conocimientos y quizás con el amor necesario".
-Cuando se realizó el cálculo de efectividad en los pronósticos cubanos, que los ubicaba por encima del 91%, no había entrado aún la moderna tecnología recién adquirida.
"Se automatizaron los radares, se mejoró la página web y se instalaron estaciones automáticas, y continuarán instalándose. Todas las estaciones meteorológicas poseen computadora; la transmisión de datos ya no se hace como antes, por radio de onda corta, sino por sistemas mucho más modernos, que la tornan más eficiente y confiable.
"El servicio meteorológico tiene que seguir desarrollándose, en la medida de los posibilidades económicas de la nación. Podemos decir, por ejemplo, que este año ya vamos por 92,8% de acierto. Es una cifra altísima; yo no creo que podamos mantenerla por mucho tiempo. Pero, de hecho, durante los últimos seis años hemos estado por encima del 90%, como ningún país del área tropical, ni siquiera de los desarrollados.
"Son índices interesantes, ofrecidos por la computadora de manera objetiva. No obstante, lo que en realidad importa es el criterio del pueblo sobre nosotros. Ese es el mejor juez. Y hemos podido apreciar que su juicio sobre nuestro trabajo es muy positivo; nada puede satisfacernos tanto como eso.
"Las estaciones automáticas tienen sensores. A pesar de eso, conservamos las de tipo manual, porque siempre van a ser más exactas. Cuando el hombre realiza una medición, aunque sea de un termómetro, garantiza un grado de exactitud muy alto con relación a un sensor. Nosotros comparamos ambas estaciones para buscar los valores más precisos.
"La tecnología nos brinda la posibilidad de disponer de los datos de manera instantánea, y así mismo colocarlos en la página web. En eso le gana al hombre. En cambio, gracias a la estación manual, al usarla como punto de comparación, podemos saber si la automática trabaja bien".
-Usted ha dicho que cada vez resulta más difícil pronosticar.
"No es del todo así, sino que los sistemas meteorológicos tienen diferentes grados de complejidad, y un entorno en que el clima está cambiando, en que los huracanes tienden a ser más intensos, en que hay fenómenos con mayor frecuencia y algunos con menor frecuencia, implica retos. Ante una situación meteorológica cualquiera, sea noble o difícil, siempre enfrentamos un desafío, porque tratamos de desentrañar los secretos de la naturaleza, incluso de decir cómo serán en el futuro".
-A estas alturas de la temporada ciclónica del 2009, ¿se confirman los pronósticos? ¿Qué nos espera en los meses siguientes?
"Siempre he dicho que a mí, particularmente, no me satisfacen los pronósticos de temporada. Desde el punto de vista cognoscitivo, científico, son importantes, pero en la práctica, para la gente, no dicen mucho. No importa que sean 14, 16, 20, 4 o 1, si no conocen por dónde va a pasar, y eso no lo sabe nadie.
"Puede haber uno solo, como el huracán de San Zenón, en República Dominicana, año 1930. Uno solo hubo en esa temporada, y destruyó a Santo Domingo. En una temporada poco activa, como la de 1992 cuando hubo cuatro, uno de ellos fue el Andrew, con categoría cinco, que destrozó todo el Sur de La Florida y dejó muchos muertos. En cambio, puede haber una temporada muy activa, digamos con 19 (la segunda más activa del siglo XX, en el año 1995), en la cual ninguno pasó por Cuba. O sea, eso no dice mucho.
"Al momento de realizarse los pronósticos de temporada, el comportamiento de los aspectos en los cuales se basan no se conoce bien. Ahora hay un Niño en ciernes, que influirá de forma decisiva; usualmente provoca la disminución de la cantidad de ciclones. Pero, insisto: si su número es menor que el previsto, bueno ¿y qué? Puede haber uno apenas; tampoco estaremos protegidos. Por lo tanto, la mejor recomendación en este caso es estar siempre preparados, alertas, observando cuanto hay alrededor en cualquier temporada ciclónica".
-¿Cómo valora el quehacer del Sistema Nacional de la Defensa Civil?
"Excelente. No tiene parangón en ningún país del mundo, precisamente porque es un sistema: todas las partes de la sociedad están representadas en este. Es la Defensa Civil, el Gobierno en las diferentes instancias, el servicio meteorológico, los medios de comunicación, el pueblo… empeñados en preservar la vida y minimizar los daños.
"Su accionar se ha ido perfeccionando con los años. Antes del año 1995 prácticamente no había experiencia. Tuvimos un golpe muy grande con el Flora en 1963. Después hubo varios huracanes débiles. Pasó el Kate en 1985. Pero fue desde 1995 que los huracanes comenzaron a azotarnos casi todos los años. Y a partir de lo aprendido fue desarrollándose el sistema.
"El 20 de junio de 2005 entró en vigor la directiva No.1 del vicepresidente del Consejo de Defensa Nacional, para la organización del país ante situaciones de desastre. Es algo muy efectivo que ha ayudado a mejorar este sistema. Normalmente pensamos que actúa cuando hay un huracán, y no sucede así: ahora mismo lo está haciendo, en todo momento. Precisamente lo que lo distingue es la prevención.
"En este instante hay compañeros trabajando en la educación del pueblo, en estudios de riesgo, de vulnerabilidad, de peligro… El mundo coincide con nosotros en la importancia de la preparación y la prevención, para después ofrecer una respuesta más efectiva".
-¿Cómo nos afecta el cambio climático? ¿Será que alternarán años de calma con períodos trágicos?
"Hasta el momento lo que sabe la ciencia acerca del comportamiento de los huracanes con el cambio climático es que al parecer serán más intensos; cada vez habrá más huracanes de gran intensidad, eso indica la tendencia. No hay nada demostrado con relación al número, en lo absoluto.
"Por otra parte, ocurre una variabilidad natural: en el caso de los ciclones tropicales existe un componente de 25-35 años de temporadas de calma y otros tantos de temporadas activas. Tuvimos calma antes de 1995; a partir de entonces volvió la actividad. Igualmente, ocurre una variabilidad interanual. Si entre esto se añade un año de El Niño, como 1997 o el 2002, la cantidad de ciclones disminuye aunque estemos en un período activo".
-Usted conoce mucho sobre meteorología, y también el pueblo le conoce a usted. ¿Le resulta difícil ser una personalidad tan conocida?
"A veces, sí. Solo que, como no lo busqué, también sobrellevo ese peso lo mejor que puedo. Tal vez, otra persona llega a la playa con su esposa e hijos, y se va para donde quiera; en cambio, yo voy a la playa con mi esposa y con mis hijos, y entonces atiendo a muchísimas personas que acuden a saludarme, conversar, a hacerme preguntas…
"Eso me agrada. Me gusta el contacto con la gente, saber lo que piensan. Pero desde el punto de vista familiar constituye un peso, pues no atiendes todo cuanto debieras a tu esposa y tus hijos como los atiende otro que se olvida del mundo simplemente porque está de vacaciones. Prácticamente, yo nunca estoy de vacaciones, aunque esté.
"Son cosas que uno las ve como un peso; sin embargo, lo lleva con agrado porque demuestra el reconocimiento del pueblo, el cariño de la gente, no hacia mí sino también hacia todos los compañeros, a cuanto uno simboliza. Nos damos perfecta cuenta de que representamos a este colectivo que labora encima de la loma de Casablanca y en el resto del país.
"Muchísimos colegas observadores meteorológicos se alejan de su familia y permanecen en la estación realizando observaciones cuando pasa un huracán. Ejemplos sobran, como el de Paso Real de San Diego, en Pinar del Río, con el record de 340 kilómetros por hora: el mundo acabándose afuera y ellos no sabían de su familia, incluso hasta el otro día, y estaban cerquita. Entonces, si nos tocó, por la vida, un tanto ser la representación de ellos, llevar ese peso me alegra".
Fuente: EXCLUSIVO, 04/08/09

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