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23/03/2012 | Ed. Imp.

La radio, también llamada emisora, es un medio de comunicación muy singular. Mientras el periódico precisa cierta tranquilidad para leerlo, y la televisión una atención sostenida, lo que impide realizar otra actividad, los programas de radio son escuchados mientras el oyente continúa con labores de cualquier tipo.

El carpintero en su taller, el chofer conduciendo su vehículo, el ama de casa en sus labores múltiples, el periodista ante su computadora, el lustrabotas haciendo brillar zapatos ajenos, el obrero que maneja su máquina, en fin, literalmente todos los trabajadores y empleados siguen los programas de información, culturales, de entretenimiento, musicales, que salen por las ondas de aparatos que no tienen que ser sofisticados. 

Por la radio se sabe inmediatamente, la noticia. Los primeros en enterarse de todo acontecimientos, trágico o feliz, son los ayentes de la radio. Y lo hacen a través de las voces un tanto engoladas de los locutores, periodistas con el don de la palabra fácil, de la cualidad de conectar con oyentes de las diversas clases sociales o de otras diferencias, unidas por la magia de la palabra multiplicada.

Es cierto que la radio tuvo épocas doradas, con voces e ideas que fascinaban al oyente, con programas de espectáculos musicales, con las radionovelas de historias y vidas tan influyentes que la gente adoptaba como suyas, ya para amar a los héroes y heroínas u odiar a los simuladores e hipócritas, todos personajes construidos con tan solo la voz de actores consumados. La imaginación de los oyentes era un ingrediente tan decisivo como esos personajes. En el "estudio" de la radio, además de los artistas de la voz, se hacía con instrumentos que hoy parecen imposibles, los efectos especiales sonoros, y muchos de ellos realizados con sonidos de las privilegiadas cuerdas vocales.

Muchas anécdotas se refieren a la sorpresa -con diferentes reacciones- de conocer en carne y hueso a los que eran solo una voz.

Los pioneros de la Federación de Trabajadores de Radio y los radialistas con décadas de trabajo fueron distinguidos, ayer, por el Concejo Municipal. La vocación, la mística, de estos trabajadores convirtieron la ceremonia en un acto de justicia.

Definitivamente, los días de radio felizmente no terminaron.

FUENTE: 

Via Yimber Gaviria, Colombia
 

 
 

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