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por Pedro M. Pérez Roque   
Domingo, 15 de Julio de 2012 09:17
Contar una historia que permita al   público identificarse con lo que escucha, fomenta la aparición de emociones, y por ende, promueve una especie de reflexión sobre la utilidad de esa información en la vida de quien escucha
Contar una historia que permita al público identificarse con lo que escucha, fomenta la aparición de emociones, y por ende, promueve una especie de reflexión sobre la utilidad de esa información en la vida de quien escucha
La comunicación radial, como variante de comunicación, depende de lograr establecer, a través de códigos reconocidos socialmente, modelos que representen el interés de sus públicos o de aquellos que hemos ganado por representarlos en nuestros contenidos.
Si servimos de compañía es porque hemos conseguido un alto grado de seguridad en lo que hacemos y disponemos en los contenidos. Muchos de los aspectos que se requieren para sustentar la garantía de sostenibilidad y fiabilidad deben actualizarse sistemáticamente para alcanzar un discurso actual y reconocido por la sociedad.
Todos los que tienen que ver con el producto radiofónico: locutores, periodistas, escritores y realizadores, están involucrados en la responsabilidad del uso social de la lengua, pues buena parte de la población tiene más contacto con ellas a través de lo que escucha por Radio.
El uso personal, cotidiano, como todos sabemos, es reducido, repetitivo, obvio; se limita a lo doméstico y a los amplios espacios de silencio en los cuales viven, por ejemplo, las mujeres, aunque se diga lo contrario, y resulta muy injusto que se les sujete a la charlatanería y a canciones insustanciales que no aportan nada a su enriquecimiento cultural como oyentes.
La Radio, como ente intermediario y generador de diálogo, ha sufrido varias transformaciones y ha sido utilizada muchas veces con fines distintos a los que fue creada, pero también ha ido llegando cada vez a más gente. Papel fundamental lo desempeña la creatividad que ha propiciado una aceptación masiva desde su incursión en los hogares de todo el mundo, su inagotable poder envolvente sigue siendo la pieza fundamental para que los oyentes la conviertan en su compañera del día.
Los escenarios donde se establece el diálogo que desarrolla la Radio presuponen siempre el respeto soberano al público, quien necesita sentirse escuchado, importante, pieza clave en el cambio; se trata de participar en la información para lograr una comunicación productiva, algo que urge hoy en la radio, generando debate mientras se construyen propuestas que sean reconocidas en los contenidos de las emisoras de forma creativa.
Hay que tener claro que la creatividad en la Radio no tiene límites, solo las propias que el creador tenga, todo depende de la originalidad que se le ponga a lo que se hace. Los elementos siempre estarán allí, según se utilicen en el pulimento del producto final.
Cuando se escucha de forma pasiva el mensaje que las emisoras han dispuesto en cada producto radiofónico, ocurre un fenómeno sabiamente descrito por la experta Mary Hepburn, especialmente en el caso de los más jóvenes:
"Si los jóvenes consumen los medios sin aprender a hacer una crítica o pensamiento analítico acerca de la calidad y adecuación de las fuentes, el formato, la imagen, el estilo, el contenido, la intención o las desviaciones, les habremos fallado como educadores democráticos"1
Se requiere que esa participación activa de la audiencia se haga notar y la tomemos en cuenta a la hora de los análisis. También resulta indispensable observar los resultados de las investigaciones sociales para pulsar los resultados de la comunicación y poder rectificar o modificar los aspectos críticos en los productos radiofónicos, que no solo pueden reverenciar sus contenidos sino también las formas.
La manera de comunicarnos sufre modificación y cambios, como cambios surgen en la sociedad, en la economía y en las ciencias y la tecnología. Los soportes y canales dispuestos para la comunicación se complejizan y los contenidos deben adaptarse a las nuevas exigencias o no lograremos más que ruidos e interpretaciones ajenas a lo que se ha querido comunicar.
La forma en que llega la información o los contenidos no es mala en sí, sucede que sin acompañamiento de expresividad en la voz o recreación de los hechos, descripción del entorno, antecedentes similares, se vuelven fríos los datos y merma el interés.
Contar una historia que permita al público identificarse con lo que escucha, fomenta la aparición de emociones, y por ende, promueve una especie de reflexión sobre la utilidad de esa información en la vida de quien escucha, ya que no hablamos solo de hechos noticiosos sino también de formativos. La cultura no debería ser algo aburrido si estructuramos el mensaje de manera mas atractiva y haciendo uso de los elementos antes mencionados.
Por otra parte, es vital darle identidad a lo que decimos aun cuando sea la misma noticia para todos los medios o sea la única fuente de donde se ha obtenido la información. La elaboración debe distinguir al medio, proporcionar el señalamiento identitario y hacerse reconocible ante el público escucha. Solo así, se realizará un ejercicio óptimo de diversidad y creatividad, siempre agradecido por los públicos.
(1) HEPBURN, Mary: "Los Jóvenes y los Medios: ¿Qué y cómo aprenden?", en Actas del Décimo Congreso Nacional El diario en la escuela, San Salvador de Jujuy, noviembre de 1996, p. 11.

Via @yimbergaviria

 

 
 

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